ACERCÁNDONOS A...

LUIS CERNUDA

 

 

Aprovechando que este año se celebra el Centenario del nacimiento de este poeta, no demasiado conocido, nos ha parecido interesante desde el Departamento de Comunicación del Centro recoger aspectos de la vida y obra de Luis Cernuda; aspectos que esperamos que os gusten tanto como al grupo de profesores que los hemos seleccionado.



A modo de introducción, una breve reseña biográfica

 

Nació el 21 de septiembre de 1902 en Sevilla, hijo de un militar que lo educó bajo el yugo de duros e intransigentes principios, esto pudo contribuir a formar su carácter introvertido. Su madre y sus dos hermanas, parece ser que no contribuyeron mucho a mejorar el ambiente que se respiraba en la familia.

En 1919 ingresa en la Universidad donde comienza a estudiar la carrera de Derecho. Allí conoce a Pedro Salinas, recién llegado a la cátedra de Lengua y Literatura Españolas con quien traba amistad. Lo introduce en la lectura de los clásicos, la poesía de fin de siglo francesa, sin embargo es la lectura de la obra de André Gide lo que le abre el camino hacia la percepción de una realidad interna y externa que hasta entonces se le antojaba oculta. Años antes, con motivo del traslado de los restos de Bécquer a Sevilla, había conocido la obra de este escritor romántico que tanto influirá en su obra.

En 1927 publica su primer libro "Perfil del aire" con el que la crítica fue bastante dura. En estos años va conociendo a escritores como Juan Ramón Jiménez, Federico García Lorca, Vicente Aleixandre y, aunque no está en la famosa foto del Ateneo de Sevilla en la que quedan inmortalizados varios autores de la denominada Generación del 27, Cernuda será uno de sus integrantes. Se reunieron para conmemorar del tercer centenario de la muerte del escritor Luis de Góngora, perteneciente al Barroco, al que consideraban poco valorado y desconocido para un gran público.

En 1928 ya se habían muerto sus padres y Pedro Salinas le facilita un lectorado en la Universidad de Toulouse . En los años siguientes publica " Un río, un amor" y "Los placeres prohibidos" ambas de marcado carácter surrealista, "Donde habite el olvido", un libro en el que expresa desolación, tristeza y mucha sinceridad, Invocaciones a las gracias del mundo. A partir de 1936 comenzó a agrupar toda la obra que iba escribiendo bajo el título "La realidad y el deseo"

Los temas más habituales son la soledad, el deseo de un mundo más habitable y, sobre todo, el amor (exaltado o insatisfecho). Posee un estilo muy personal en el que, como es natural, en sus principios se aprecia la influencia de determinadas corrientes del momento y que luego se transforma en un estilo sencillo, pero con profunda elaboración.

Cernuda rebelde, marginal y homosexual se definía a sí mismo como un inadaptado. Recibió la República con entusiasmo, siempre dispuesto a colaborar con todo lo que contribuyera a lograr una España más liberal, tolerante y culta. Durante la Guerra Civil participó en un congreso antifascista y en 1938 fue a dar unas conferencias a Inglaterra. Nunca más regresó. En esos años de estancia que son muy duros anímicamente escribe el libro titulado "Las nubes" y otro en prosa titulado "Ocnos" que es una evocación de Andalucía desde la distancia.

En 1947 se va a Estados Unidos a trabajar como profesor, de ahí a Méjico donde murió en 1963. A este periodo corresponden obras como "La desolación de la quimera", en la que la amargura se manifiesta claramente; "Poemas para un cuerpo"; "Con las horas contadas"; "Variaciones sobre tema mejicano" en prosa; .... Se dedicó también a la crítica literaria y a la traducción de autores como Hölderlin y Shakespeare.

 

 

ESTA PÁGINA INCLUYE

Poemas seleccionados de La Realidad y el Deseo (1924-1962)

Palabra de Cernuda y palabras sobre Luis Cernuda.

Unos poemas para recapitular.

 

 

POEMAS

SELECCIONADOS

 

 

 

Seguid, seguid así, tan descuidadamente,

atrayendo al amor, atrayendo al deseo.(...)

Despedida

Nota:

Para facilitar la lectura y contra el deseo del autor, no se conserva la convención de iniciar cada uno de sus versos con letra mayúscula. Que la memoria de Cernuda perdone este olvido.

 

 

                                                     QUISIERA ESTAR SOLO EN EL SUR

Quizá mis lentos ojos no verán más el sur

de ligeros paisajes dormidos en el aire,

con cuerpos a la sombra de ramas como flores

o huyendo en un galope de caballos furiosos.

El sur es un desierto que llora mientras canta,

y esa voz no se extingue como pájaro muerto;

hacia el mar encamina sus deseos amargos

abriendo un eco débil que vive lentamente.

En el sur tan distante quiero estar confundido.

La lluvia allí no es más que una rosa entreabierta,

su niebla misma ríe, risa blanca en el viento.

Su oscuridad, su luz son bellezas iguales.

  Un río, un amor(1929 )

SOMBRAS BLANCAS

Sombras frágiles, blancas, dormidas en la playa,

dormidas en su amor, en su flor de universo,

el ardiente color de la vida ignorando

sobre un lecho de arena y de azar abolido.

Libremente los besos desde sus labios caen

en el mar indomable como perlas inútiles;

perlas grises o acaso cenicientas estrellas

ascendiendo hacia el cielo con luz desvanecida.

Bajo la noche el mundo silencioso naufraga;

bajo la noche rostros fijos, muertos, se pierden.

Sólo esas sombras blancas, oh blancas, sí, tan blancas.

La luz también da sombras, pero sombras azules.

(Un río, un amor(1929)

NO INTENTEMOS EL AMOR NUNCA

Aquella noche el mar no tuvo sueño.

Cansado de contar , siempre contar a tantas olas,

quiso vivir hacia lo lejos

donde supiera alguien de su sabor amargo.

Con una voz insomne decía cosas vagas,

barcos entrelazados dulcemente

en un fondo de noche,

o cuerpos siempre pálidos con su traje de olvido

viajando hacia nada.

Cantaba tempestades, estruendos desbocados

bajos cielos con sombra,

como la sombra misma,

como la sombra siempre

rencorosa de pájaros estrellas.

Su voz atravesando luces, lluvia, frío,

alcanzaba ciudades elevadas a nubes,

Cielo Sereno, Colorado, Glaciar del Infierno,

todas puras de nieve o de astros caídos

en sus manos de tierra.

Mas el mar se cansaba de esperar las ciudades,

allí su amor tan solo era un pretexto vago

con sonrisa de antaño,

ignorado de todos.

Y con sueño de nuevo se volvió lentamente

adonde nadie

sabe nada de nadie,

       adonde acaba el mundo.

(Un río, un amor 1929)


QUÉ RUIDO TAN TRISTE

Qué ruido tan triste el que hacen dos cuerpos cuando

se aman.

Parece como el viento que se mece en otoño

sobre adolescentes mutilados,

mientras las manos llueven,

manos ligeras, manos egoístas, manos obscenas,

cataratas de manos que fueron un día

flores en el jardín de un diminuto bolsillo.

Las flores son arena y los niños son hojas

y su leve ruido es amable al oído

cuando ríen, cuando aman, cuando besan,

cuando besan el fondo

de un hombre joven y cansado

porque antaño soñó mucho día y noche.

Mas los niños no saben,

ni tampoco las manos llueven como dicen;

así el hombre cansado de estar solo con sus sueños,

invoca los bolsillos que abandonan arena,

arena de las flores,

para que un día decoren su semblante de muerto.

Los placeres prohibidos (1929)

NO DECÍA PALABRAS

No decía palabras,

acercaba tan sólo un cuerpo interrogante,

porque ignoraba que el deseo es una pregunta

cuya respuesta no existe,

un mundo cuyo cielo no existe.

La angustia se abre paso entre los huesos,

remonta por las venas

hasta abrirse en la piel,

surtidores de sueño

hechos carne en interrogación vuelta a las nubes.

Un roce al paso

una mirada fugaz entre las sombras,

bastan para que el cuerpo se abra en dos,

ávido de recibir en sí mismo

otro cuerpo que sueñe;

mitad y mitad, sueño y sueño, carne y carne,

iguales en figura, iguales en amor, iguales en deseo.

Aunque sólo sea una esperanza,

porque el deseo es una pregunta cuya respuesta

nadie sabe.

Los placeres prohibidos (1931)


LOS MARINEROS SON LAS ALAS DEL AMOR

Los marineros son las alas del amor,

son los espejos del amor,

el mar les acompaña,

y sus ojos son rubios lo mismo que el amor

rubio es también, igual que son sus ojos.

La alegría vivaz que vierten en las venas

rubia es también,

idéntica a la piel que asoman;

no les dejéis marchar porque sonríen

como la libertad sonríe,

luz cegadora erguida sobre el mar.

Si un marinero es mar,

rubio mar amoroso cuya presencia es cántico,

no quiero la ciudad hecha de sueños grises;

quiero sólo ir al mar donde me anegue,

barca sin norte,

cuerpo sin norte hundirme en su luz rubia.

Los placeres prohibidos (1931)

TE QUIERO

Te quiero.

Te lo he dicho con el viento,

jugueteando como animalillo en la arena

o iracundo como órgano tempestuoso;

Te lo he dicho con el sol,

que dora desnudos cuerpos juveniles

y sonríe en todas las cosas inocentes;

Te lo he dicho con las nubes,

frentes melancólicas que sostienen el cielo,

tristezas fugitivas;

Te lo he dicho con las plantas,

leves criaturas transparentes

que se cubren de rubor repentino;

Te lo he dicho con el agua,

vida luminosa que vela en un fondo de sombra;

te lo he dicho con el miedo

te lo he dicho con la alegría,

con el hastío, con las terribles palabras.

Pero así no me basta:

más allá de la vida,

quiero decírtelo con la muerte;

más allá del amor,

quiero decírtelo con el olvido.

Placeres prohibidos (1931)

HE VENIDO PARA VER

He venido para ver semblantes

amables como viejas escobas,

he venido para ver las sombras

que desde lejos sonríen.

He venido para ver los muros

en el suelo o en pie indistintamente,

he venido para ver las cosas ,

las cosas soñolientas por aquí.

He venido para ver los mares

dormidos en cestillo italiano,

he venido para ver las puertas,

el trabajo, los tejados, las virtudes

de color amarillo ya caduco.

He venido para ver la muerte

y su graciosa red de cazar mariposas,

he venido para esperarte

con los brazos un tanto en aire,

he venido no sé por qué;

un día abrí los ojos: he venido.

Por ello quiero saludar sin insistencia

a tantas cosas más que amables:

los amigos de color celeste,

los días de color variable,

la libertad del color de mis ojos;

los niñitos de seda tan clara,

los entierros aburridos como piedras,

la seguridad , ese insecto

que anida en los volantes de la luz.

Adiós dulces amantes invisibles,

siento no haber dormido en vuestros brazos.

Vine por esos besos solamente;

guardad los labios por si vuelvo.

Los placeres prohibidos (1931)



VI


NO HACE AL MUERTO LA HERIDA

No hace al muerto la herida,

hace sólo un cuerpo inerte;

como el hachazo al tronco,

despojado de sones y caricias,

todo triste abandono al pie de cualquier senda.

Bien tangible es la muerte;

mentira, amor, placer no son muerte.

La mentira no mata,

aunque su filo clave como puñal alguno;

el amor no envenena,

aunque como un escorpión deje los besos;

el placer no es un naufrago,

aunque vuelto fantasma ahuyente todo olvido.

Per tronco y hachazo,

placer , amor mentira,

beso puñal, naufragio,

a la luz del recuerdo son heridas

de labios siempre ávidos;

un deseo que no cesa,

un grito que se pierde

y clama al mundo sordo su verdad implacable.

Voces al fin ahogadas con la voz de la vida,

por las heridas mismas,

igual que un río, escapando;

un triste río cuyo fluir se lleva

las antiguas caricias,

el antiguo candor, la fe puesta en un cuerpo.

No creas nunca, no creas sino en la muerte de todo;

contempla bien ese tronco que muere,

hecho el muerto más muerto,

como tus ojos, como tus deseos, como tu amor;

ruina y miseria que un día se anegan en inmenso olvido,

dejando, burla suprema, una fecha vacía,

huella inútil que la luz deserta.

Donde habite el olvido (1932-1933)


A UN MUCHACO ANDALUZ

Te hubiera dado el mundo,

muchacho que surgiste

al caer de la luz por tu Conquero,

tras la colina ocre,

entre pinos antiguos de perenne alegría.

¿Eres emanación del mar cercano?

Eres el mar aún más

con las aguas henchidas con su aliento,

encauzadas en río sobre tu tierra abierta,

bajo el inmenso cielo con nubes que se orlaban de

rotos resplandores.

Eras el mar aún más

tras de las pobres telas que ocultaban tu cuerpo;

eras forma primera,

eras fuerza inconsciente de su propia hermosura.

Y tus labios de bisel, tan terso,

eran la vida misma,

como una ardiente flor

nutrida con la savia

de aquella piel oscura

que infiltraba nocturno escalofrío.

Si el amor fuera un ala.

La incierta hora con nubes desgarradas,

el río oscuro y ciego bajo la extraña brisa,

la rojiza colina con sus pinos cargados de secretos,

te enviaban a mí, a mi afán ya caído,

como verdad tangible.

Expresión armoniosa de aquel mismo paraje,

entre los ateridos fantasmas que habitan nuestro

mundo,

eras tú una verdad,

sola verdad que busco,

más que ver de amor, verdad de vida;

y olvidando que sombra y pena acechan de continuo

esa cúspide virgen de la luz y de la dicha,

quise por un momento fijar tu curso ineluctable.

Creí en ti, muchachillo.

Cuando el mar evidente,

con el irrefutable sol de mediodía,

suspendía mi cuerpo

en esa abdicación del hombre ante su dios,

un resto de memoria

levantaba tu imagen como un recuerdo único.

Y entonces,

con sus luces el violento Atlántico,

tantas dunas profusas, tu Conquero nativo,

estaban en mí mismo dichos en tu figura,

divina ya para mi afán con ellos,

porque nunca he querido dioses crucificados,

tristes dioses que insultan

en tierra ardorosa que te hizo y te deshace.

Invocaciones (1934-35))

SOLILOQUIO DEL FARERO

Cómo llenarte, soledad,

sino contigo misma.

De niño, entre las pobres guaridas de la tierra,

quieto en ángulo oscuro,

buscaba en ti, encendida guirnalda,

mis auroras futuras y furtivos nocturnos,

y en los vislumbraba,

naturales y exactos, también libres y fieles,

a semejanza mía,

a semejanza tuya, eterna soledad.

Me perdí luego por tierra injusta

como quien busca amigos o ignorados amantes;

diverso con el mundo,

fui luz serena y anhelo desbocado,

y en la lluvia sombría o en el sol evidente

quería una verdad que a ti te traicionase,

olvidando en mi afán

cómo las alas fugitivas su propia nube crean.

Y al velarse a mis ojos

con nubes sobre nubes de otoño desbordado

la luz de aquellos días en ti misma entrevistos,

te negué por bien poco;

por menudos amores ni ciertos ni fingidos,

por quietas amistades de sillón y de gesto,

por un nombre de reducida cola en un mundo

fantasma,

por los viejos placeres prohibidos

como los permitidos nauseabundos,

útiles solamente para el elegante salón susurrado,

en bocas de mentira y palabras de hielo.

Por ti me encuentro ahora el eco de la antigua

persona

que yo fui,

que yo mismo manché con aquellas juveniles traiciones;

por ti me encuentro ahora, constelados hallazgos,

limpios de otro deseo,

el sol, mi dios, la noche rumorosa,

la lluvia, intimidad de siempre,

el bosque y su alentar pagano,

el mar, el mar con su nombre hermoso;

Y sobre todos ellos,

cuerpo oscuro y esbelto,

te encuentro a ti, tú, soledad tan mía,

y tú me das fuerza y debilidad

como el ave cansada los brazos de la piedra.

Acodado al balcón miro insaciable el oleaje,

oigo sus oscuras imprecaciones,

contemplo sus blancas caricias;

y erguido desde cuna vigilante

soy en la noche un diamante que gira advirtiendo a

los hombres,,

por quienes vivo, aun cuando no los vea;

Y así, lejos de ellos,

ya olvidados sus nombres, los amo en muchedumbres,

roncas y violentas como el mar, mi morada,

puras ante la espera de una revolución ardiente

o rendidas y dóciles, como el mar sabe serlo

cuando toca la hora de reposo que su fuerza

conquista.

Tú, verdad solitaria,

transparente pasión, mi soledad de siempre,

eres inmenso abrazo;

el sol, el mar,

la oscuridad, la estepa,

el hombre y su deseo,

la airada muchedumbre,

¿qué son sino tú misma?

Por ti, mi soledad, los busqué un día;

en ti, mi soledad, los amo ahora.

Invocaciones(1934-1935)

 

NO ES NADA ES UN SUSPIRO

No es nada, es un suspiro,

pero nunca sació nadie esa nada

ni nadie supo nunca de qué alta roca nace.

Ni puedes tú saberlo, tú que eres

nuestro afán, nuestro amor,

nuestra angustia de hombres;

palabra que creamos

en horas de dolor solitario.

Un suspiro no es nada,

como tampoco es nada

el viento entre los chopos,

la bruma sobre el mar

o ese impulso que guía

un cuerpo hacia otro cuerpo.

Nada mi fe, mi llama,

ni este vivir oscuro que la lleva;

su latido o su ardor

no son sino un suspiro,

aire triste o risueño

con el viento que escapa.

Sombra, si tú lo sabes dime;

deja el hondo fluir

libre sobre su margen invisible,

acuérdate del hombre que suspira

antes de que la luz vele su muerte,

vuelto él también latir de aire,

suspiro entre tus manos poderosas

 

Invocaciones (1934-1935)

TRISTEZA DEL RECUERDO

Por las esquinas vagas de los sueños,

alta la madrugada , fue conmigo

tu imagen bien amada, como un día

en tiempos idos, cuando Dios lo quiso.

Agua ha pasado por el río abajo,

hojas verdes perdidas llevó el viento

desde que nuestras sombras vieron quedas

su afán borrarse con el sol traspuesto.

Hermosa era aquella llama, breve

como todo lo hermoso: luz y ocaso.

vino la noche honda, y sus cenizas

guardaron el desvelo de los astros.

Tal jugador febril ante una carta,

un alma solitaria fue la apuesta

arriesgada y perdida en nuestro encuentro;

el cuerpo entre los hombres quedó en pena.

¿Quién dice que se olvida? No hay olvido.

Mira a través de esta pared de hielo

ir esa sombra hacia la lejanía

sin el nimbo radiante del deseo.

Todo tiene su precio. Yo he pagado

el mío por aquella antigua gracia;

Y así despierto, hallando tras mi sueño

un lecho solo, afuera yerta el alba.

Las nubes (1937-1940)

 

JARDÍN ANTIGUO

Ir de nuevo al jardín cerrado,

que tras los arcos de la tapia,

entre magnolios , limoneros,

guarda el encanto de las aguas.

Oír de nuevo en el silencio,

vivo de trinos y de hojas,

el susurro tibio del aire

donde las almas viejas flotan.

Ver otra vez el cielo hondo

a lo lejos, la torre esbelta.

Tal flor de luz sobre las palmas :

las cosas todas siempre bellas

Sentir otra vez, como entonces,

la aguda espina del deseo,

mientras la juventud pasada

vuelve. Sueño de un dios sin tiempo.

Las nubes (1937-1940)

LA FAMILIA

¿Recuerdas tú, recuerdas aún la escena

a que día tras día asististe paciente

en la niñez, remota como sueño al alba?

El silencio pesado, las cortinas caídas,

el círculo de luz sobre el mantel, solemne

como paño de altar, y alrededor sentado

aquel concilio familiar, que tantos ya cantaron,

bien que tú, de entraña dura, aún no lo has hecho.

Era a la cabecera el padre adusto,

la madre caprichosa estaba en frente,

con la hermana mayor imposible y desdichada,

y la menor más dulce, quizá no más dichosa,

el hogar contigo mismo componiendo,

la casa familiar, el nido de los hombres,

inconsistente y rígido, tal vidrio

que todos quiebran, pero nadie dobla.

Presidían mudos, graves, la penumbra,

ojos que no miraban los ojos de los otros,

mientras sus manos pálidas alzaban como hostia

un pedazo de pan, un fruto, una copa con agua,

y aunque entonces vivían en ellos presentiste,

tras la carne vestida, el doliente fantasma

que al rezo de los otros nunca calma

la amargura de haber vivido inútilmente.

Suya no fue la culpa si te hicieron

en un rato de olvido indiferente,

repitiendo tan sólo un gesto transmitido

por otros y copiado sin una urgencia propia,

cuya intención y alcance no pensaban.

Tampoco fue tu culpa si no les comprendiste:

al menos has tenido la fuerza de ser franco

para con ellos y contigo mismo.

Se propusieron, como los hombres todos, lo durable,

lo que les aprovecha, aunque en torno miren

que nada dura en ellos ni aprovecha,

que nada es suyo, ni ese trago de agua

refrescando sus fauces en verano,

ni la llama que templa sus manos en invierno,

ni el cuerpo que penetran con deseo

dos soledades en una carne sola.

Ellos te dieron todo: cuando animal inerme

te atendieron con leche y con abrigo;

después, cuando creció tu cuerpo a par del alma,

con dios y con moral te proveyeron,

recibiendo deleite tras de azuzarte a veces

para tu fuerza tierna doblegar a sus leyes.

Te dieron todo, sí; vida que no pedías,

y con ella la muerte de dura compañera.

Pero algo más había, agazapado

dentro de ti, como alimaña en cueva oscura,

que no te dieron ellos, y eso eres:

fuerza de soledad, en ti pensarte vivo,

ganando tu verdad con tus errores.

Así, tan libremente, el agua brota y corre,

sin servidumbre de mover batanes,

irreductible al mar, que es su destino.

Aquel amor de ellos te apresaba

como prenda medida para otros,

y aquella generosidad, que comprar pretendía

tu asentimiento a cuanto

no era según el alma tuya.

A odiar entonces aprendiste el amor que no sabe

arder anónimo sin recompensa alguna.

El tiempo que pasó, desvaneciéndolos

como burbuja sobre la haz del agua,

rompió la pobre tiranía que levantaron,

como burbuja sobre la haz del agua,

rompió la pobre tiranía que levantaron,

y libre al fin quedaste, a solas con tu vida,

entre tantos de aquellos que, sin hogar ni gente,

dueños en vida son del ancho olvido.

Luego con embeleso probando cuanto era

costumbre suya prohibir en otros

y a cuyo transgresor la excomunión seguía,

te acordaste de ellos, sonriendo apenado.

Cómo se engaña el hombre y cuán en vano

da reglas que prohiben y condenan.

¿Es toda acción humana, como estimas ahora,

fruto de imitación y de inconsciencia?

Por esta extraña llama hoy trémula en tus manos,

que aun deseándolo, temes ha de apagarse un día,

hasta ti transmitida con la herencia humana

de experiencias inútiles y empresas inestables

obrando el bien y el mal sin proponérselo,

no prevalezcan las puertas del infierno

sobre vosotros ni vuestras obras de la carne,

oh padre taciturno que no le conociste,

oh madre melancólica que no le comprendiste.

Que a esas sombras remotas no perturbe

en los limbos finales de la nada

tu memoria como un remordimiento.

Este cónclave fantasmal que los evoca,

ofreciendo tu sangre tal bebida propicia

para hacer a los idos visibles un momento,

perdón y paz os traiga a ti y a ellos.

Como quien espera el alba (1941-1944)

 

LOS ESPINOS

Verdor nuevo los espinos

tienen ya por la colina,

toda de púrpura y nieve

en el aire estremecida.

Cuántos ciclos florecidos

les has visto ; aunque a la cita

ellos serán siempre fieles,

tú no serás un día.

Antes que la sombra caiga,

aprende cómo es la dicha

ante los espinos blancos

y rojos en flor . Vé. Mira.

Como quien espera el alba (1941-1944)

 

EL INTRUSO

Como si equivocara el tiempo

su trama de los días

¿vives acaso los de otro?,

extrañas ya la vida.

Lejos de ti, de la conciencia

desacordada, el centro

buscas afuera, entre las cosas

presentes un momento.

Así de aquel amigo joven

que fuiste ayer, aguardas

en vano ante el umbral de un sueño

la ilusa confianza.

Pero tu faz, en el alinde

de algún espejo, vieja,

hosca, abstraída, te interrumpe

tal la presencia ajena.

Hoy este intruso eres tú mismo,

tú, como el otro antes,

y con el cual sin su gusto inicias

costumbre a que se allane.

Para llegar al que no eres,

quien no eres te guía,

cuando el amigo es el extraño

y la rosa es la espina.

Vivir sin estar viviendo (1944-1949)

 

EL VIENTO Y EL ALMA

 

Con tal vehemencia el viento

viene del mar, que sus sones

elementales contagian

el silencio de la noche.

Solo en tu cama le escuchas

insistente en los cristales

tocar, llorando y llamando

como perdido sin nadie.

Mas no es él quien en desvelo

se tiene, sino otra fuerza

de que tu cuerpo es hoy cárcel,

fue viento libre, y recuerda.

Vivir sin estar viviendo(1944-1949)

 

 

CONTIGO

¿Mi tierra?

Mi tierra eres tú.

¿Mi gente?

Mi gente eres tú.

El destierro y la muerte

para mí están adonde

no estés tú.

¿Y mi vida?

dime, mi vida,

¿qué es, si no eres tú?

 

Poemas para un cuerpo.X - Con las horas contadas(1950-1956)

  

PRECIO DE UN CUERPO

 

Cuando algún cuerpo hermoso,

como el tuyo, nos lleva

tras de sí, él mismo no comprende,

sólo el amante y el amor lo saben.

(Amor, terror de soledad humana)

Esta humillante servidumbre,

necesidad de gastar la ternura

en un ser que llenamos

con nuestro pensamiento,

vivo de nuestra vida.

Él da el motivo,

lo diste tú; porque tú existes

afuera como sombra de algo,

una sombra perfecta

de aquel, que es del amante, mío.

Si yo te hablase

cómo el amor depara

su razón al vivir y su locura,

tú no comprenderías .

Por eso nada digo.

La hermosura, inconsciente

de su propia celada, cobró la presa

y sigue. Así, por cada instante

de goce, el precio está pagado:

ese infierno de angustia y de deseo.

Poemas para un cuerpo. XIV - Con las horas contadas (1950-1956)

 

 

NIÑO TRAS UN CRISTAL

 

Al caer la tarde, absorto

tras el cristal, el niño mira

llover. La luz que se ha encendido

en un farol contrasta

la lluvia blanca con el aire oscuro.

La habitación a solas

le envuelve tibiamente,

y el visillo, velando

sobre el cristal, como una nube,

le susurra lunar encantamiento.

El colegio se aleja. Es ahora

la tregua, con el libro

de historias y de estampas

bajo la lámpara, la noche,

el sueño, las horas sin medida.

Vive en el seno de su fuerza tierna,

todavía sin deseo, sin memoria,

el niño, y sin presagio

que afuera el tiempo aguarda

con la vida, al acecho.

En su sombra ya se forma la perla.

Desolación de la quimera (1956-1962)

 

BIRDS IN THE NIGHT

El gobierno francés, ¿o fue el gobierno inglés?,

puso una lápida

en esa casa de 8 Great College Street, Camden

Town, Londres,

adonde en una habitación Rimbaud y Verlaine,

rara pareja,

vivieron, bebieron, trabajaron, fornicaron,

durante algunas breves semanas tormentosas.

Al acto inaugural asistieron sin duda embajador y

alcalde,

todos aquellos que fueran enemigos de

Rimbaud cuando vivían.

La casa es y pobre, como el barrio,

con la tristeza sórdida que va con lo que es pobre,

no la tristeza funeral de lo que es rico sin espíritu.

Cuando la tarde cae, como en el tiempo de ellos,

sobre su acera, húmedo y gris el aire, un organillo

suena, y los vecinos, de vuelta del trabajo,

bailan unos, los jóvenes, los otros van a la taberna.

Corta fue la amistad singular de Verlaine el borracho

y de Rimbaud el golfo, querellándose largamente.

Mas podemos pensar que acaso un buen instante

hubo para los dos, al menos si recordaba cada uno

que dejaron atrás la madre inaguantable y la

aburrida esposa.

Pero la libertad no es de este mundo, y los libertos,

en ruptura con todo, tuvieron que pagarla a precio

alto.

Sí, estuvieron ahí, la lápida lo dice, tras el muro.

Presos de su destino: la amistad imposible, la

amargura

de la separación, el escándalo luego; y para éste

el proceso, la cárcel por dos años, gracias a sus

costumbres

que sociedad y ley condenan, hoy al menos; para

aquél a solas

errar desde un rincón a otro de la tierra,

huyendo a nuestro mundo y su progreso

renombrado.

El silencio del uno y la oscuridad banal del otro

se compensaron. Rimbaud rechazó la mano que

oprimía

su vida; Verlaine la besa , aceptando su castigo.

Uno arrastra en el cinto el oro que ha ganado; el otro

lo malgasta en ajenjo y mujerzuelas. Pero ambos

en entredicho siempre de las autoridades, de la gente

que con trabajo ajeno se enriquece y triunfa.

Entonces hasta la negra prostituta tenía derecho de

insultarles;

hoy, como en el tiempo pasado, como pasa en el

mundo,

vida al margen de todo, sodomía, borrachera,

versos escarnecidos,

ya no importan en ellos, y Francia usa de ambos

nombres y ambas obras

para mayor gloria de Francia y su arte lógico.

Sus actos y sus pasos se investigan, dando al público

detalles íntimos de sus vidas. Nadie se asusta

ahora, ni protesta.

"¿Verlaine? Vaya, amigo mío, un sátiro, un

verdadero sátiro

cuando de la mujer se trata; bien normal era

el hombre,

igual que usted y que yo. ¿Rimbaud? Católico

sincero, como está demostrado."

Y se resucitan trozos del "Barco Ebrio" y del soneto

a las "Vocales"

Mas de Verlaine no se resucita nada porque no

está de moda

como el otro, del que se lanzan textos falsos en

edición de lujo:

poetas mozos de todos los países hablan mucho de

él en sus provincias.

¿Oyen los muertos lo que los vivos dicen

luego de ellos?

Ojalá nada oigan : ha de ser un alivio ese silencio

interminable

Para ellos que vivieron por la palabra y

murieron por ella,

como Rimbaud y Verlaine. Pero el silencio allá

acá la farsa elogiosa repugnante. Alguna vez deseó

uno

que la humanidad tuviese una sola cabeza, para así

cortársela.

Tal vez exageraba: si fuera sólo una cucaracha, y

aplastarla.

La desolación de la quimera (1956-1962)


TRES MISTERIOS GOZOSOS

El cantar de los pájaros, al alba,

cuando el tiempo es más tibio,

alegres de vivir, ya se desliza

entre el sueño y de gozo

contagia a quien despierta al nuevo día.

Alegre y sonriendo a su juguete

pobre y roto, en la puerta

de la casa juega sólo el niñito

consigo y, en dichosa

ignorancia, goza de hallarse vivo.

El poeta, sobre el papel soñando

su poema inconcluso,

hermoso le parece, goza y piensa

con razón y locura

que nada importa: existe su poema.

 

La desolación de la quimera (1956-1962)

 

PEREGRINO

¿Volver? Vuelva el que tenga,

tras largos años, tras un largo viaje,

cansancio del camino y la codicia

de su tierra, su casa, sus amigos,

del amor que al regreso fiel le espere.

Mas, ¿tú? ¿Volver? Regresar no piensas,

sino seguir libre adelante,

disponible por siempre, mozo o viejo,

sin hijo que te busque, como a Ulises,

sin Ítaca que aguarde y sin Penélope.

Sigue, sigue adelante y no regreses,

fiel hasta el fin del camino y tu vida,

no eches de menos un destino más fácil,

tus pies sobre la tierra antes no hollada,

tus ojos frente a lo antes nunca visto.

 

Desolación de la quimera (1956-1962)

DESPEDIDA

Muchachos

que nunca fuisteis compañeros de mi vida,

adiós.

Muchachos

que no seréis nunca compañeros de mi vida,

adiós.

El tiempo de una vida nos separa

infranqueable:

a un lado la juventud libre y risueña;

a otro la vejez humillante e inhóspita.

De joven no sabía

ver la hermosura, codiciarla, poseerla;

de viejo la he aprendido

y veo a la hermosura, mas la codicio inútilmente.

Mano de viejo mancha

el cuerpo juvenil si intenta acariciarlo.

Con solitaria dignidad el viejo debe

pasar de largo junto a la tentación tardía.

Frescos y codiciables son los labios besados,

labios nunca besados más codiciables y frescos aparecen.

¿Qué remedio, amigos? ¿Qué remedio?

Bien lo sé: no lo hay.

dulce hubiera sido

en vuestra compañía vivir un tiempo:

bañarse juntos en aguas de una playa caliente,

compartir bebida y alimento en una mesa,

sonreír, conversar, pasearse

mirando cerca, en vuestros ojos, esa luz y esa música.

Seguid, seguid así, tan descuidadamente,

atrayendo al amor, atrayendo al deseo

no cuidéis de la herida que la hermosura vuestra y

vuestra gracia abren

en ese transeúnte inmune en apariencia a ellas.

Adiós, adiós manojos de gracias y donaires.

Que yo pronto he de irme, confiado,

adonde, anudado el roto hilo, diga y haga

lo que aquí falta, lo que a tiempo decir y hacer

aquí no supe.

Adiós, adiós compañeros imposibles.

que ya tan solo aprendo

a morir, deseando

veros de nuevo, hermosos igualmente

en alguna otra vida.

(1956- Desolación de la quimera 1962)

 

 A SUS PAISANOS

 

No me queréis, lo sé, y que os molesta

cuando escribo. ¿Os molesta? Os ofende.

¿Culpa mía tal vez o es de vosotros?

Porque no es la persona su leyenda

lo que ahí, allegados a mí, atrás os vuelve.

Mozo, bien mozo era, cuando no había brotado

leyenda alguna, caísteis sobre un libro

primerizo lo mismo que su autor: yo, mi primer libro.

Algo os ofende, porque sí, en el hombre y su tarea.

¿Mi leyenda dije? Tristes cuentos

inventados de mí por cuatro amigos

(¿Amigos?), que jamás quisisteis

ni ocasión buscasteis de ver si acomodaban

a la persona misma así traspuesta,

mas vuestra mala fe los ha aceptado.

Hecha está la leyenda, y vosotros, de mí desconocidos,

respecto al ser que encubre mintiendo doblemente,

sin otro escrúpulo, a vuestra vez la propaláis.

Contra vosotros y esa vuestra ignorancia voluntaria,

vivo aún, sé y puedo, si así quiero, defenderme.

Pero aguardáis al día cuando ya no me encuentre

aquí. Y entonces la ignorancia,

la indiferencia y el olvido, vuestras armas

de siempre, sobre mí caerán, como la piedra,

cubriéndome por fin, lo mismo que cubristeis

a otros que, superiores a mí, esa ignorancia vuestra

precipitó en la nada, como Aldana.

De ahí mi paradoja, por lo demás involuntaria,

pues la imponéis vosotros : en vuestra lengua escribo,

criado estuve en ella y, por eso, es la mía,