ARTE E IDIOMAS

Heraldo de Soria, 31-10-2002

Texto: Jesús Bozal Alfaro.  Ilustración: Jessica Giaquinta García

    Dos acontecimientos artísticos han venido a animar últimamente la vida cotidiana de Soria: las esculturas de Ripollés, en verano, y el conjunto escultórico de la Trashumancia, en invierno. De las primeras, se habló mucho entonces. Del segundo, ahora. Arte y Soria, alcaldes, artistas e idiomas guardan, en ambos casos, una estrecha relación. De ahí que reproduzcamos lo que escribíamos en julio, justificándolo en cierta manera con lo que escribimos ahora. Hablar de idiomas, objeto de esta sección, es hablar de mundos, y el arte forma parte de sus contextos.

"¡Qué bellas nos parecen las ciudades que se dejan seducir por el arte! Porque, aunque algunas personas bien intencionadas lo duden, las obras del escultor Joan Ripollés son formas artísticas que, una vez instaladas en el espacio urbano (calles, plazas, jardines, monumentos, ...) mantienen con el habitante y el visitante un dialogo constante y enriquecedor. Las ciudades acogedoras, cosmopolitas, como París, Amsterdam o Venecia se parecen a Soria en eso también. Mientras uno las contempla, va recorriendo la Soria urbana, las orillas del Duero/Sena, la Dehesa, y, sin querer, va considerándolas como propias, integradas en el paisaje acogedor de la Soria viva/histórica. Seguro que, cuando nos las arrebaten otras ciudades, otros espacios acogedores, otros paisajes, las echaremos en falta: "Me buscarás entonces,... ", cantaba el poeta. Solo las ciudades acogedoras - escribió alguien no hace mucho - son capaces de atraer.

Da gusto vivir en una ciudad para artistas y para poetas; para clericales y anticlericales; curas con solana, críticos de arte, filósofos, feligreses y feligresas, profesores de idiomas, de historia del arte, concejales, agoreros, fatalistas, pesimistas y adivinos. Nadie estorba en Soria y las críticas son tan "de aquí" como las alabanzas. Las figuras que nos visitan estos días no se sorprenden ya de nada. ¡Han conocido tantos países! Están acostumbrados a tantos climas, a tantas lenguas, a tanto .., que, no sólo no rechazan el debate, ni la crítica, sino que lo provocan, inmersos en la misma problemática que los habitantes de cualquier ciudad del mundo. 

Lo novedoso de la cita es precisamente ése: que estén aquí y que nadie eluda el debate. ¡Bonita iniciativa, la del Ayuntamiento!

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Tanto chocaron las esculturas del valenciano, que hasta el Heraldo tuvo que salir al paso con un significativo titular: "Es arte, no una plaga" (25 de julio). Nos recordó a aquel otro: "La France a peur" (Francia tiene miedo), con el que inició su telediario, hace muchos años, uno de los periodistas más conocidos de la televisión francesa. El segundo sacaba las cosas de quicio; el primero, las ponía en su sitio.

Unos meses más tarde, vuelve a reproducirse un debate parecido: la instalación del monumento a la Trashumancia. Nadie puede cuestionar - si ha visto la maqueta y el vídeo (Palacio de la Audiencia) – que estamos, una vez más, ante una obra de arte, firmada, por suerte, por un artista soriano, Carlos Sanz Aldea.

¿Pone alguien en duda, todavía hoy, que la Tour Eiffel, la Pyramide du Louvre, o las columnas de la Place du Palais, en París, sean tan obras de arte como las magníficas piezas que conserva con mimo el Museo Numantino; ni que, mientras paseamos por Amsterdam o Venecia, por Londres o New York, obras de artistas conocidos y desconocidos atraen nuestra atenci6n? ¿Tiene derecho Soria a ser/atraer como París, Venecia, Londres o New York? El arte habla una lengua universal: la del respeto al trabajo del artista. Cada cual, eso sí, frente a cualquier obra, tiene derecho a expresar su punto de vista. En cualquier caso, el arte es una manera personal (la del artista) de representar el mundo en el que vivimos. Nada más. ¿Se acuerdan de la portada del Suplemento dedicado por El País Semanal (n° 1.023) a sus 20 años de vida?    La tengo a la vista: 20 ladrillos macizos de cerámica dando la sensaci6n de movimiento como si fueran las páginas del periódico. "Teruel, existe" - otra ciudad que reclama mas atención - conocerá pronto su nueva alfombra de piedra, obra del arquitecto británico David Chipperfield, que salva la distancia entre la estación del tren y el gran muro de contención, junto al antiguo convento de los carmelitas. 

La piedra, otra vez la piedra, como elemento integrador de ciudades que quieren descubrirse al mundo. ¡Cuántos siglos llevan cruzando las calles de esta ciudad ovejas y pastores, camino de un verano/invierno mejor! A los cedros, por otra parte, no los arranca la alcaldesa, ¡Por Dios!, sino el artista que, recuperando la Historia de la ciudad, pretende recuperar, para ella, la totalidad del magnífico espacio urbano (de balcón a balcón, desde el Collado hasta La Alameda) de la Plaza de Mariano Granados. ¡Qué suerte la de Soria que tiene una alcaldesa/ayuntamiento que escucha/entiende/respeta a los artistas! Sólo él, Carlos Sanz Aldea, el artista elegido, ha sido capaz de crear una obra ("des choses magiques", diría Picasso) que, además de enriquecer el paisaje urbano y publico de Soria, va a permitir, a cuantas personas pasen o vengan para verla, establecer con ella un diálogo abierto y sincero en cualquiera de las lenguas habladas por los hombres y mujeres del mundo entero. Sólo una alcaldesa/ayuntamiento sensible al arte y a la cultura es capaz de entenderlo.

    Cuando nadie creía en la blancura de París, Andre Malraux ("La Corde et les souris"), ministro de cultura del General De Gaulle, llegó y la descubrió. Desde entonces, nadie se acuerda del gran intelectual francés, cuyos restos reposan, sin embargo, en el Pantheon. Pero la blancura de París, gracias a él, permanece (demeure).