LOS REYES MAGOS
Jesús Bozal Alfaro
Heraldo de Soria
Con el ajetreo de la vuelta al cole, no hemos tenido todavía tiempo suficiente para reflexionar sobre el futuro de nuestra vida sin la peseta. Por lo visto y oído, nadie va a derramar ni una lágrima por su desaparición. El euro, ese juguete dorado que, a partir de ahora, va a ser quien perfore nuestros bolsillos, nos ha convertido, de golpe, en europeos de pleno derecho. Los ingleses, que parecían más europeos que nosotros, envidian nuestro coraje y nos observan, sorprendidos, porque no hemos hecho ningún referéndum ni ninguna recogida de firmas para evitarlo. Se creen todavía, ¡qué ingenuos!, que Africa, como se decía hace mucho tiempo, comienza en los Pirineos. ¡Más les valdría comenzar a estudiar español y empaparse de nuestra rica cultura, en lugar de venir únicamente a nuestro país para "achicharrarse" la piel! Hubiéramos rematado la faena si nos emparentamos con los noruegos, gracias a la bella y feliz Eva Sannum de antes; entristecida, hoy, ella y nosotros, por no haber nacido para reina. ¡Una pena!
Bendito sea, pues, el euro, que nos obliga a no perder de vista a nuestros compañeros de viaje: Francia, Alemania...
Un día antes de ver la vida en euro - pura coincidencia, seguramente - deteníamos las gélidas vacaciones para leer una entrevista con Margarita Salas, una española que, tras haber vivido algún tiempo en los Estados Unidos (la tierra del dólar) expresa sus ideas con una claridad que tiene mucho más que ver con la nueva moneda que con la vieja peseta. Científica, introductora en España de la investigación en biología molecular, considera que los científicos "estamos abiertos a las humanidades". A las lenguas también, afirma.
Por eso, en su acercamiento a ellas, al inglés, en concreto, nos hace observar un nuevo problema: traducir algo puede suponer una no-traducción/una anti-traducción, en el sentido de que, ante un mismo concepto, cada uno puede aportar una traducción diferente y nadie acabe por aprovechar los efectos positivos de lo que se pretende haber traducido. Este galimatías lo explica ella perfectamente: "Un ejemplo: leaky define una mutación que no es eficaz al 100%, es decir, que se escapa algo, bueno, pues unos la traducen como mutante gotera, otros que rezuma y otros no la traducen y otros no la traducen. Y es que no tiene traducción oficial" (El País, 30-12-2001).
"Otro ejemplo", insiste: "Hay dos secuencias en el ADN, upstream y downstream que están hacia arriba o hacia abajo con respecto a un punto. Y decimos corriente arriba, corriente abajo, o aguas arriba y aguas abajo. A mí ninguna me gusta. Hay que buscar una traducción oficial más o menos correcta."
Y es que, como decíamos al iniciar esta serie de reflexiones semanales, las lenguas son sólo códigos diferentes que describen una misma realidad. A veces, sin embargo, como explica Margarita Salas, somos nosotros quienes no comprendemos la importancia que, para el desarrollo de los pueblos, tiene el dominio comparativo de los idiomas. Gracias a Dios, Margarita Salas va a ocupar el sillón i de la Real Academia de la Lengua. Intentará seguramente que estos errores de traducción no nos condenen eternamente a seguir ocupando la cola de los países del mundo occidental. Nada le convenía más a la Real Academia que el regalo de reyes de una mujer a quien le gusta leer (Soldados de Salamina, de Javier Cercas), el cine (Almodovar, Woody Allen, Díaz Yanes) y la música.
Lejos de aquí , la ciudad de la civilización herida (Manhattan) va enterrando los recuerdos de quienes como dice el padre Félix Jiménez en su entrega de la contraportada del Heraldo de Soria del pasado viernes 4, parece no haber existido nunca. El dolor va siendo sustituido por el espectáculo y el miedo (el de ellos y el nuestro) nos ha obligado a apreciar lo que hay por casa.
No hace muchos días, viajando hacia Pamplona, tropezó el dial de nuestro coche con dos emisoras que querían acercarnos, a través de su sugestiva música, a esos mundos tan próximos y tan alejados con los que vamos conformando una nueva realidad nacional. Parecían oraciones de nostalgia y lejanía ante la llegada de esas majestades de la solidaridad y de la felicidad que todos aquí conocemos como Reyes Magos. ¿Quién ha dicho que no cree en ellos? ¿Conoce alguien a hombres como ellos, capaces de hablar y entender el idioma de cada uno de nosotros: niños y mayores? ¡La lástima es que solo vengan un día al año!