Soria, ciudad cosmopolita

Heraldo de Soria, 12-12-2002

Texto: Jesús Bozal Alfaro.  Ilustración: Jessica Giaquinta García

¿Qué sería de la historia de New York sin los relatos del padre Féliz Jiménez, soriano, de Noviercas? Y ¿qué sabríamos nosotros de lo que allí pasa si D. Féliz no nos lo 

contara, de vez en cuando, en el Heraldo de Soria? Escribir, parece, le ayuda a recomponer el mundo tal y como estaba antes del 11 de septiembre. O, más bien, a comprobar – la luz – que lo de “antes” y lo de “ahora” son las dos caras de la misma ¿realidad?. Él, por eso de que está más cerca de Dios que nosotros, comprende a todo el mundo, reza por todo el mundo, en castellano, la lengua de su madre, la de muchos de sus parroquianos y la suya; en inglés, la oficial, la de algunos de sus feligreses, documentos, estrellas de televisión,...; y en otras muchas lenguas, de las que hablan también los que regresan (Muñoz Molina). El rezo, la prière, en cualquier lengua, ayudan al hombre, parece, a evitar la visita al siquiatra, hoy que, según leemos en un artículo de Vicente Verdú (El País, 25 de noviembre), el retorno de Dios es un hecho. De ahí que, cuando nos paseamos por las calles de Soria, Segovia (¡qué maravilla de ciudad!) o por las de nuestro pueblo, sintamos que, desde que llegaron fieles de otras religiones: judía, ortodoxa, islámica, parezca que estamos más protegidos. ¿Qué sería de Soria, don Félix, sin todos esos africanos, magrebíes, ciudadanos de las mil y una naciones que, una vez que han llegado, quieren quedarse y escribir de ella, como usted de New York? Los vemos en grupos, de uno en uno, llamando por teléfono o disculpándose por casi todo. Parecen avergonzarse de nuestras propias miserias. Sus voces incomprensibles para nosotros - ¿hablan de trabajo, de familia, del tiempo? -, van rellenando esos espacios que, sin ellos, parecían estar vacíos. Quizás entienden ya que, gracias al esfuerzo de muchas generaciones, Soria se está convirtiendo en una ciudad cosmopolita, como París, Londres, New-York; o, quizás, es que esta ciudad nunca ha dejado de serlo. "La emigración, nos dijo una vez la alcaldesa (Revista IDIOMAS, 2000), es una solución, no un problema." Nadie parece haberlo desmentido.

Soria ha conocido, en otros tiempos, la llegada, como ahora, de gentes procedentes de otras partes del mundo, que convivieron con nuestros antepasados y aportaron, a la nuestra, su propia cultura. Las culturas del mundo, orales y escritas, a pesar de sus continuas disputas, están condenadas a convivir juntas: "el Oriente que se descubre ahora en nuestra época no sería otra cosa que la admiración de nosotros mismos que se ha encontrado reprimida”, escribe Edgar Morin. Según el filósofo francés, la cultura oriental (“intuición, expresión corporal, parte femenina, visión unitaria") ha quedado atrofiada por lo que llaman la cultura occidental. Curiosamente, todavía hay quien propugna hoy el control frente a la intuición. Teoría que entraría en contradicción con aquella otra de Louis Aragón, según la cual: "La femme est l'avenir de l'homme" / "La mujer es el futuro del hombre". Parecería como si, en lugar de avanzar (la marcha de la Historia, por si acaso, no se detiene nunca), alguien sintiera deseos de nadar a contracorriente.

La intolerancia: contra las mujeres, contra los hombres, contra "el otro", cualquiera que sea su lengua, su religión o su cultura no engendra sino marginaci6n y miseria. Jerusalén (cristianos, judíos, armenios y musulmanes) tampoco celebrará este año las fiestas de Navidad. Los turistas tienen miedo a la intolerancia, a pesar de estar interesados por un país en el que conviven gentes de mas de 60 países y casi otros tantos idiomas ¡Qué pena!