imágenes de la geografía machadiana
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Heraldo de Soria, 05-06-2003
Texto: Jesús Bozal Alfaro. Ilustración: Jessica Giaquinta García
De la GUÍA MACHADIANA, presentada la semana pasada por la
Escuela Oficial de Idiomas de Soria, habría que destacar el conjunto de
imágenes que, ilustrando los
versos del poeta, traducidos a su
vez a cuatro idiomas, ofrecen de Soria una visión extremadamente cercana de su
realidad histórica. Son estampas poéticas; puntos (la
curva de ballesta, por ejemplo) de la geografía de nuestro mundo que,
cantados en verso e inmortalizados por una creadora de mensajes, Montse Maján,
pertenecen ya al inventario de los lugares literarios más conocidos de la
literatura universal.
La courbe d´Arbalète y el Espino, Le
château, elaborados con mimo
soriano, han pasado a formar parte del itinerario machadiano, soriano, de
cuantas personas, caminando, los recorran todos, los sientan todos, los
descubran todos. Perfiles urbanos de una ciudad que, gracias a su cámara,
permanecen. El Alma de Soria no habita solo en el corazón del poeta sino en el
de cuantos “poetas”, como Montse Maján, se acercan a la ciudad y a sus
parajes buscando el momento en el que es más ella.
Sus fotografías parecen esculturas de papel profundo sobre fondo de
paisajes. ¿Es el Mirón?, se preguntarán quienes no lo conocían. ¿Es el
Duero? ¿Es San Saturio? Efectivamente. Porque, lejos de aquí, esas palabras:
El Mirón, el Duero, San Saturio, El Casino, El Castillo, la Plaza de Teatinos,
etc. suenan como suenan los nombres propios: solemnes, pero sin sentimiento. Sin
embargo, al acercarse a la ciudad, pisar su suelo, el contacto con la tierra,
con la poesía, con la imagen, convierte al turista, al viajero, en intérprete
de su propio recorrido. Esa relación del visitante con los lugares visitados
forma parte de la literatura de viajes, que afloran cuando se vuelve a abrir el
álbum de las imágenes perdidas y recuperadas gracias, en este caso, a la GUÍA
MACHADIANA en la que Montse Maján ha dejado su alma soriana.
Por eso, a partir de ahora, el turista que llegue y coja la GUÍA y comience su itinerario, desde el Mirón hasta San Saturio, irá comprobando, mientras cruza calles, plazas, huertos y paisajes humanos, que SORIA, efectivamente, está dentro de la poesía de Machado.
El
poeta retrata el alma de la ciudad, descubre lo que nadie - como vería muy bien
Juan Antonio Gaya Nuño – había visto. El fotógrafo, por su parte,
inmortaliza/descubre el significado de los momentos de la historia de cada
lugar: cuando nieva, la nieve; cuando
abrasa, el sol; cuando hiela, el
frío; cuando vive, al se humano
viviendo.
Desgraciadamente, la cámara de Montse no podía, esta vez, describir
el abandono de las placas con las palabras del poeta. “La curva de ballesta” y esos versos que figuran entre los lugares
más sobresalientes de la literatura universal no deberían seguir borrados por
más tiempo (San Saturio). Si se escuchan, con miles de registros, en el mundo
entero, deberían de merecer, al menos, un sincero respeto por parte de sus
herederos
* * * * *
Junto a Monste Maján, Roberto Vega Peña, de Almazán y de Soria,
completa esta visión poética de esta ciudad con su epílogo imaginario.
Roberto Vega construye el idioma prescindiendo de las palabras. Mejor dicho:
siente, primero, y, luego, deja que su pluma sea capaz de expresarlo. Resultaba
casi imposible saber qué sintió Antonio Machado cuando acometió su primer
viaje a Soria. Sin embargo, Roberto Vega lo sabía y lo ha contado. A partir de
ahora, lo que él pensaba y lo que se ha escrito sobre aquello forman parte de
otro momento fundamental de la obra de Antonio Machado. A veces, con mucha
frecuencia, lo que se cuenta de un poeta y la verdad de ese poeta distan
fabulosamente. En este caso, Roberto Vega, en su viaje machadiano, sólo ha
descubierto la realidad de un viaje imaginario que, por eso mismo, es el único
posible: el viaje real.