imagen y palabras
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Heraldo de Soria, 12-06-2003
Texto: Jesús Bozal Alfaro. Ilustración: Jessica Giaquinta García
Ilustrar un artículo no resulta nada fácil. Primero hay
que leerlo, entender su lenguaje, su posible mensaje, reflexionar y, por último,
plasmar una imagen que lo sintetice y le de vida.
Poco a poco, semana a semana, dibujo a dibujo, color a color, Jessica
Giaquinta – musa desconocida de una redacción animosa - ha ido narrando una
larga historia a base de acontecimientos
(Manhattan), idiomas (¡San Saturio
hablando italiano!; la lengua de las misioneras), artes (la trashumancia), ciudades
(París, Soria, Salamanca), periodistas
en medio del horror de la guerra (Afganistán), fiestas (Navidad), refranes,
tragedias (la dilapidación), premios
(Sello Europeo para la Escuela Oficial de Idiomas), historias
de viejos (el ingreso), teorías filosóficas
(la auto-comunicación),...... Sus personajes fueron conquistando, trazo a
trazo, el espacio que le correspondía en la columna y en la estima de todos.
Aquí puso el acento en un gesto, allí en una palabra clave, acullá en un
paisaje urbano, rural o sentimental. Sin nombre, sin nacionalidad, los muñequitos
de Jessica, apátridas políglotas, tenían como único objetivo salir en el
periódico para saludar a los niños y a los maestros, a los profesores, a los
políticos, a los intelectuales y a los toreros que leían, cada semana, esta
sección buscando en los idiomas y los mundos un pequeño encuentro con la
solidaridad. Sin vocación de parásitos, estos muñequitos inventaban cada
semana una nueva visión simbólica de las cosas que nos rodean: el dolor, el
olor y la fiesta.
A fuer de sinceros, nos es difícil saber si el dibujo sirve para
ilustrar el artículo o éste para ilustrar a aquel. Para no discutir, se puede
llegar a la conclusión de que conviven juntos y separados; lo cual, en los
tiempos que corren, puede que sea una de las soluciones.
Allá por abril, nuestros pequeños Saturios - ¿por qué no llamarle
así? – comenzaron a leer a Blas de Otero. La ira se apodera siempre del
terror. “Escribir de día”; y leer; y andar por el parque; y sonreír debajo
de una farola, mientras se espera a alguien. Saturios, los pequeños Saturios,
no tenían problemas para estar en todos los países (los idiomas son de todo el
mundo) y hablar en todas las lenguas, buscar el Arco Iris, la paz, y recordar que los cursos de invierno saben
siempre a poco. Sobre todo a los jóvenes. Cursos del amor, de la sensación de
ser eterno, arrastrando maletas gigantescas, mientras el tiempo pasa y se
descubre que el norte está mucho más lejos, mucho más alto, mucho más
profundo.
Y así llegamos a Machado, el poeta de la imagen, que captara el alma
de Soria (Manuel Núñez Encabo) nada más bajarse del tren, una mañana fría
(Roberto Vega). “Aquí estuvo el amor, aquí la maravilla”, cantaba, ¿hace
siglos?, el grupo Agua Viva. Y así
llegamos a valorar la importancia de las imágenes que, gracias a otra Guía
Machadiana, podrán seguir – prendados - esos extranjeros que, abriendo
sus libros de escuela, confunden a España con Soria, su capital poética. Allí,
aquí, en donde el poeta descubrió, como escribe Gaya Nuño (El Santero de San
Saturio), la primavera.
Uno se asombra de que Jessica no haya todavía dibujado la
Curva de Ballesta que describe el Duero, a su paso por Soria: uno de los
lugares más importantes de la geografía literaria universal, que debería
estar cuidado, mimado, señalizado e iluminado. Lo dejará, quizás, para el último
impulso de un curso que se nos va, esperando, al menos, haber entretenido - con
los dibujos y las letras - a esos niños, a esas niñas, a esos lectores, a esas
lectoras anónimos, anónimas, que sueñan con captar los mundos a través de
los idiomas que cada uno domina.
No sabemos qué habrá dibujado Jessica para esta columna de hoy.
Seguro que nos sorprende. La verdad es que las ideas las aporta ella. Nosotros sólo
las pintamos. Y ustedes, vosotros, les dan, les dáis, vida.