tous les garçons et les filles de mon âge

Heraldo de Soria, 14-11-2002

Texto: Jesús Bozal Alfaro.   Ilustración: Jessica Giaquinta García

La gente de mi generación descubrió el francés tarareando, sin 

entender mucho más, canciones como las del título de esta columna. Nos hacía ilusión porque, como cantaba Marl Trini: «¿quién a los quince años no dejó su cuerpo abrazar?". Mas tarde, cuando maduramos, comenzamos a leer versos como los del poeta Louis Aragon, de apellido español y corazón francés: "Tes yeux sont si profonds que j´y perds la mémoire". Los encontramos en un libro de tapas azules: "Les yeux d'Elsa". Elsa Triolet, sa femme rusa.

Elsa-France; Leonor-Soria. Pour lui, Elsa y Francia, su patria, evocaban la misma pasión. "La France": la pasión de De Gaulle. Aquel general que, desde Londres, dirigía, por radio - "Ici Londres" - la Resistencia contra la ocupaci6n alemana. Las musas enamoradas han hecho escribir versos de infinita belleza a poetas enamorados de la vida y de la libertad.

Ausentes Rafael Albelti, Luis Cernuda, León Felipe, García Lorca,... comprendimos, entonces, que necesitábamos aprender francés, si queríamos comprender lo que habían escrito, para nosotros también, los grandes poetas de la "rive gauche" de Paris: 

Apollinaire ("Sur le pont Mirabeau coule la Seine / Et nos amours / Faut-il qu 'il m 'en souvienne / La joie venait toujours après la peine // Vienne la nuit sonne l'heure // Les jours s'en vont je demeure"); 

Rimbaud ("Par les soirs bleus d'été, j'irai dans les sentiers / Picoter par les bIés, fouler l'herbe menue / Rêveur, j'en sentirai la fraîcheur à mes pieds. / Je laisserai le vent baigner ma tête nue."); 

Paul Eluard ("Sur mes cahiers d'écolier / Sur mon pupitre et les arbres / Sur le sable sur la neige / J'écris ton nom // Liberté"); 

Verlaine/Machado ("La cloche, dans le ciel qu'on voit / Doucement tinte / Un oiseau sur l'arbre qu'on voit / Chante sa plainte.") 

La poesía no necesita traducción sino lectura. Basta observar sus formas y dejarse invadir por la cadencia, el ritmo, la sonoridad de cada verso y, luego, soñar. “Los sueños son míos / Dejadme soñar!”, gritaba Mari Trini.

La lengua francésa será siempre el idioma de l'amour/spleen (Ronsard, Baudelaire, Victor Hugo ); de la profondeur (Andre Malraux); des gestes (Molière); de I'Histoire (Balzac, Stendhal); du compromis (Sartre); de l'avenir (Simone de Beauvoir, Françoise Sagan); de la révolte (Rimbaud); de la voix (Léo Ferré); des enfants gaulois (Asterix); des souvenirs (Proust). La lengua de la tolerancia.... La del mestizaje también, admitido, asumido, vivido día a día, contradiction après contradiction, par les grandes persones et, surtout, par les enfants.

    Hace muchos años, cuando Juan Luis Cebrián estudiaba Preu, el francés era nuestra segunda lengua. Apenas había quien supiera que existía el ingles. Francia, Alemania, Suiza las conocimos, por casualidad, vestidos de jornaleros, arrastrando maletas atadas con cuerdas; soñando con volver, cuando todavía no nos habíamos ido.

El primer director de El País estuvo este verano en Soria, después de Rosa Regás. Quería contarnos muchas cosas. Escribía, dijo, como último recurso contra el olvido. Nos pidió leer una. Le dejamos. ¿Qué podíamos hacer? Y, mientras disfrutábamos de su monólogo literario, fuimos haciendo recuento de los recuerdos de aquella época terrible, cuando nuestro profesor de francés, luego misionero, se empeñaba, en 5° (después de la reválida de cuarto), en que teníamos que aprendemos aquel libro de tapas verdes, escrito, todo en francés, por Anna Moll (La littérature Française par les textes). Pero, ¿para qué demonios queríamos aprender aquella lengua, si, en aquel país, solo había huelgas, como nos diría, años mas tarde, una simpática señora, mientras descendíamos del autobús que nos traía de Francia? Aquella mujer no sabia que, además de huelgas, aquel país nos había dado la oportunidad de ver, a su tiempo, "Le dernier tango à Paris", en uno de los cines "españoles" de Perpignan, de Hendaye o de Bordeaux; de comprar el último libro de Tuñón de Lara, en versión francesa, y de asistir ya a un par de conciertos de Paco Ibáñez; de soñar... Fueron tiempos difíciles, diría Juan Luis Cebrián, hijo del "Mai 68". Tiempos asociados al francés, porque, como explicábamos al principio, se había convertido en una de las pocas ventanas por la que podíamos mirar al mundo.

¡Qué suerte tienen los niños y los jóvenes de ahora! Pueden estudiar todas las lenguas y conocer todos los idiomas, saltar por encima de las fronteras y entender lo que dicen, sienten y sueñan sus amigos de países tan lejanos que, por desgracia, no conoceremos, seguramente, nunca. La globalización de la cultura se ha convertido en un juguete para ellos. Pueden comprarla y jugar con ella todo el tiempo que quieran. Y, además, tendrán la suerte de que sus descendientes les expliquen cómo se esfumaron nuestros sueños. Es hora pues de comenzar a aprender francés y ver si, nuestro paso por ese país, ha dejado alguna huella en su lengua, en su cultura, en su Historia. Por curiosidad. Conocer esta lengua, hablarla, sentirla, les ayudaría a entender mejor el mundo que les rodea, pues encontrarían en ella las mil respuestas a las mil preguntas que se hacen cada día. Incluso Goya/Saura, sordo, tuvo que viajar hasta Burdeos para escuchar, dentro de él, el relato de la Historia de España.